El sufrimiento de Gabriela Mistral y su filosofía moderna
- 10 ago 2017
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Las propias palabras de Gabriela Mistral retratan su desafío frente al dolor, “que el dolor cobije todas las almas soñadoras de los románticos sublimes, porque el Arte es como sacar las manos de las brazas y ponerlas en el arroyo”. Durante su vida Gabriela Mistral escribió una serie de cuadernos que fueron publicados postumamente. Entre estos aparece su filosofìa moderna.
“He aquí mi filosofía moderna:
No muestres jamás al mundo ternura, mansedumbre ni piedad; al verte cordero se arrojarían sobre ti, te despedazarían riendo. Fiereza, bestialidad de sentimientos, impiedad, eso muéstrale. Al saberte león te dejarían vivir tranquilo.
No muestres compasión por nadie, aunque la sientas. Has favores sin afectaros. Si vieras emoción e interés en tu rostro cuando les das limosna se abalanzarían sobre ti y desnudo te dejarían. Como a los canes, a los hombres no debe dárseles el alimento sino arrojársele.
Así práctica en la caridad.
Aunque se desborde a la hiel en tu corazón, no la viertas en presencia de nadie. Llora en el fondo de una caverna si es preciso y borra en tu rostro toda huella de lágrimas. No creas desdichado inspirar piedad ni amor; desdén, desdén y la más infame mofa, sólo eso.
Si quieres inspirar amor sé desdeñoso hasta el orgullo; se arrojarán a tus pies desmedándote amor como limosna. Y si quieres ser triste objetivo de la burla, da a conocer con todas sus manifestaciones irrisorias esa gran debilidad, demencia e imbecilidad que se llama amor.
Has la travesía de la vida con el brazo armado. El mundo es un campo de batalla en que todos combaten, sólo los imbéciles descasan.
Teme más del hombre que de la fiera más sanguinaria. Y si huyes por temor de ellas de las selvas, ¿con cuánta razón no huirás del mundo por temor de él? Aquella no haría sino despedazar tus carnes; éste te despedazará tu honor, tu fama y tu dignidad.
Prepara tu espíritu con la fortaleza del acero antes de entrar al mundo, si quieres cruzarlo, sin dejar en cada una de sus vallas, sus zarzales, sus picas, ¡jirones de tu corazón!”





















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